ELIAS: CUANDO EL FUEGO RESPONDE A LA ORACIÓN

Elías no compitió con los profetas de Baal por espectáculo,

lo hizo para revelar quién es el verdadero Dios.

Mientras ellos gritaban, danzaban y se herían,

Elías oró con sencillez.

No alzó la voz,

no manipuló a Dios,

no repitió fórmulas.

Primero restauró el altar.

Porque el fuego no desciende donde el altar está roto.

Antes del milagro público,

hubo una obediencia privada.

Luego empapó el sacrificio con agua,

para que nadie dudara del origen del fuego.

Cuando Dios responde,

no deja espacio para la confusión.

Y cuando Elías oró,

el fuego descendió.

Consumió el sacrificio,

la leña,

las piedras

y hasta el agua.

El fuego no cayó para impresionar al pueblo,

cayó para volver el corazón de Israel a Dios.

Esta historia nos enseña que

no es la intensidad del ruido lo que mueve el cielo,

sino la alineación del corazón.

Cuando el altar es restaurado,

cuando la oración nace de la fidelidad,

el fuego de Dios todavía responde.

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