El mundo cristiano ha tomado un día común y lo presenta como sagrado. Y el día apartado por Dios lo presentan como común.
Dios no nos dejó en oscuridad. La verdadera adoración no se basa en tradición, sino en obediencia a Su Palabra.
“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Jn. 14:15)
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos… el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado.” (1 Jn. 2:3-5)
Hoy más que nunca, Cristo nos llama a volver a la Biblia, a amarle de verdad y a honrar lo que Él santificó desde el principio (Gn. 2:3).
No es legalismo. Es amor que obedece.
No es imposición humana. Es fidelidad al Creador.


